¿De dónde viene el menosprecio por uno mismo?

Muchas veces he escuchado, y seguramente ustedes también, que tal o cual persona tiene una enorme capacidad laboral, pero que no es reconocida por las autoridades de la empresa donde trabaja. Tiene buenas ideas para hacer más eficiente el negocio, pero no es escuchado, no se le da valor, no se lo tiene en cuenta. Tal vez porque desconocen sus capacidades o porque él no tiene el valor de presentar sus inquietudes.

Como resultado de esta supuesta indiferencia, finalmente este empleado se resignará a vegetar en su puesto hasta llegar a una completa frustracción. Luego de un tiempo, sólo le interesará cumplir con el horario y que le paguen puntualmente el sueldo. No tiene incentivos, no está motivado, ha caído en la rutina e integrará, en consecuencia, la caravana de los desilucionados y los indiferentes.

Luego de tantas adjetivaciones sobre el estado en que se encuentra este imaginario personaje laboral -que puede ser cualquiera de nosotros- cabe una reflexión nacida de una pregunta ¿por qué ocurre esto? La respuesta, casi obvia, es: porque no se valora a sí mismo. Porque no alcanza a medir la importancia que tienen sus ideas y proyectos. Ante los demás se minimiza, no pone fuerza en la presentación de sus inquietudes; tal vez porque considera que sus ideas no son tan importantes. Quizás se diga mentalmente, quién soy yo para proponer tal o cual cosa. o reflexiona: hay personas más importantes, yo soy uno de los tantos , qué me van a hacer caso a mí. Todo este diálogo mental nace como consecuencia de la falta de autoestima, de no saber expresar con seguridad, convencimiento y audacia lo que el sujeto piensa.

El doble origen de la falta de autoestima

La falta de autoestima puede tener un doble origen: una infancia conflictiva -padres autoritarios, absorbentes o sobreprotectores- y una educación carente de normas que contribuyen a la formación del carácter. Estas dos razones perjudican la vida de los hombres; estos crecen débiles de carácter, tímidos y proclives a la subestimación -que es una forma del complejo de inferioridad-. No hay duda de que existen hombres que prefieren la "muerte" a una lucha con las circunstancias ambientales porque, en su orgullo, tienen un miedo exagerado ante un posible fracaso. En el fondo son personas que aspiran siempre a ser mimadas y dispensadas de sus obligaciones, a base de que otros las cumplan.

Las graves situaciones de la vida, tales como peligros, necesidades, decepciones, pérdidas (sobre todo de personas queridas) y toda especie de presiones sociales son magnificadas por aquellos que carecen de autoestima. Ésta por lo general se exterioriza en emociones y estados de ánimo universalmente conocidos bajo los nombres de miedo, tristeza, desesperación, vergüenza, timidez, perplejidad, etc. y que se traducen en la expresión fácil y en la actitud del cuerpo.

La falta de preparación para enfrentarse con cualquier problema de la vida puede obedecer en todo caso a un insuficiente desarrollo del sentimiento de comunidad, sea cualquiera el nombre que queramos darle: solidaridad humana, cooperación, humanidad, socialización o incluso "ideal del Yo".

Esta falta de preparación es la que engendra, frente a los problemas, las múltiples formas corporales y anímicas que expresan insuficiencia, inseguridad y falta de autoestima. Estas actitudes anímicas originan pronto toda clase de sentimientos de inferioridad que, si bien no se manifiestan claramente, se expresan ya en el carácter, ya en el movimiento, ya en la actitud o en la manera de pensar, sugerida por el sentimiento de inferioridad

Rasgos de carácter, como la tímidez, el recelo, el pesimismo, etc. nos indican un deficiente contacto con el mundo de parte del que carece de autoestima y que se intensifica notablemente cuando hay que luchar contra los riesgos del destino. Lo mismo puede decirse del característico movimiento o acción que todo ser humano debe hacer en la vida. El que carece de autoestima es un individuo que siempre se halla en la retaguardia y a notable distancia del problema planteado. Esta preferencia por la zona más alejada del campo de lucha de la vida está asegurada por la manera de pensar y argumentar del individuo y a veces también por ideas obsesivas o por estériles sentimientos de culpabilidad. No es difícil comprender que no son los sentimientos de culpabilidad los que producen el distanciamiento, sino que el que carece de autoestima aprovecha de dicho sentimiento para poner trabas al avance. En una palabra se autoengaña para no hacer la acción.,

Guillermo Días Gómez,
Director-Fundador de la Escuela Plenitud

 

Nota relacionada: Estrategias para desarrollar la autoestima


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