¿Qué es el sufismo?

El sufismo es un pensamiento místico y un estilo de vida que produjo un impacto enorme en Oriente y Occidente. No se sabe su origen y si bien es común relacionarlo con una secta ligada a la religión musulmana, el sufismo se acomoda a cualquier religión, pues no tiene dogmas, ni templos. No tiene centro religioso, ni ciudad sagrada, ni sacerdotes y no existe ninguna organización religiosa encargada de su difusión o adoctrinamiento.

Las escuelas sufíes nacieron rodeando a un Maestro, pero no reconocen ningún grado y sus seguidores tienen por único fin perfeccionarse por el contacto con otros sufíes.

El nombre sufí es algo mítico, entre ellos se llaman "amigos". La literatura sufí se puede rastrear por el año 2000 A.C. y continúa hoy tan lozana como entonces, aunque se reconoce como su apogeo los siglos VIII y XVIII de esta era.

De la misma manera que un hombre valiente puede percibir cuándo otro hombre es valiente, únicamente un sufí se da cuenta cuándo se encuentra en presencia de otro sufí.

El ideal del sufí es estar en el mundo pero no ser del mundo; por ello se mantiene al margen de la ambición, la codicia, el éxito intelectual, la obediencia irreflexiva y el temor reverencial. Esta falta de temor se revela en muchos episodios sufí. El sufí respeta los ritos de todas las religiones, pero amplía los mitos de éstas con enfoque de gran espiritualidad. Como por ejemplo, cuando explica que los ángeles son representaciones de las virtudes humanas más excelsas.

Los propagadores del pensamiento sufí fueron, por lo general, poetas y uno de ellos dice: "bajo la lengua del poeta se esconde la llave del tesoro". El lenguaje poético es cifrado para que no se vulgarice el pensamiento y caiga en la trivialización.

El sufismo imparte las más variadas enseñanzas. Por ejemplo el maestro Mulla Nasrudim explica con un chiste, la circularidad esencial de la realidad y las interacciones invisibles que tienen lugar en ella, o sea la interrelación entre el hombre y la naturaleza y ésta con Dios.

Un día Nasrudim caminaba por una carretera solitaria. Caía la noche cuando vio un grupo de jinetes que avanzaba hacia él. Su imaginación comenzó a trabajar y temió que le robaran o lo alistasen en el ejército; sintió miedo, por lo que empezó a correr para luego saltar un muro y caer en un cementerio. Los jinetes, que ignoraban los motivos imaginarios de Nasrudim, lo persiguieron aguijoneados por la curiosidad. Cuando lo encontraron atrás de un tumba, tirado en el suelo, le preguntaron:

¿Podemos ayudarte?.¿Por qué estas atrás de esa tumba, tirado en el suelo?

Nasrudim, conciente de su equivocación, contestó: "Esta situción es más complicada de lo que ustedes pueden suponer. Estoy aquí a causa de ustedes y ustedes están aquí por causa mía". Haberse preocupado por anticipado de un peligro imaginario suele provocar acontecimentos sumamente curiosos.

Por medio de esta anécdota el maestro Nasrudim nos enseña a no preocuparnos por anticipado o ver peligros imaginarios que -por lo general- sólo existen en nuestra fantasía y que jamás se concretarán. Estos peligros imaginarios son como disparadores que despiertan nuestra preocupación y ésta es el núcleo de nuestras ansiedades. Por lo tanto debemos controlar las fantasías que, nacidas en la emoción crean en nuestra mente un mundo virtual que nos aleja de la realidad objetiva. Decía el maestro vedantino Sankarachaya, "debemos vivir el aquí y el ahora frescamente como si recién hubieramos nacido", sin interpretar los acontecimientos.

Lamentablemente vivimos especulando dentro de la dualidad: esto me conviene o no. Esto me sirve o no. Esto me gusta o no. Y finalmente, como diría Epícteto "no son las cosas las que nos afligen sino la opinión que nos hemos hecho de ellas". Esa inmensa fantasía de la que nos habla el maestro sufí Nasrudim, para quien la experiencia es intransferible, como lo fuera para Aristóteles. Sólo se puede enseñar y cada uno, por propia voluntad, decidirá transitar el sendero del conocimiento. Es decir, no se pude obligar a nadie a salir de la ignorancia.

Precisamente el avatara Krishna, en el Bhagavad Gita, le decía a su discípulo "no perturbe el sabio la tranquilidad del ignorante hablándole de la acción, mas bien con su ejemplo hágala atractiva". Cada uno debe despertar por su propio esfuerzo.

Veamos como lo explica Nasrudim en otra anécdota. El sufí pinta hábilmente el papel del maestro en el famoso cuento del sermón. En él enseña que no vale la pena perder tiempo con las personas que no deciden salir de la ignorancia; y que si en una comunidad hay personas de talento, es ocioso buscar un nuevo maestro. Veamos el ejemplo.

Nasrudim fue invitado a dar una charla a los habitantes de un pueblo alejado. Subió al podio y dijo : ¡Oh pueblo!, ¿ Sabéis lo que diré?.

Uno de esos graciosos, que nunca faltan, gritó en son de mofa: "no". Entonces Nasrudim contestó: “en este caso me abstendré de instruir a una comunidad tan ignorante”, y se fue.

Los ancianos de la comunidad lograron que Nasrudim volviera, prometiéndole que no dejarían entrar a ningún botarate. De nuevo empezó Nasrudim su discurso: ¡Oh pueblo! ¿sabéis lo que diré?. Algunas personas para borrrar la mala impresión de la vez anterior dijero: "sí". “En este caso no hay necesidad de hablar” y Nasrudim abandonó la sala.

En la tercera ocasión, después que una delegación lo visitara para rogarle otro esfuerzo, se presentó ante la asamblea de nuevo y empezó ¡Oh pueblo! ¿Sabéis que diré?. Como se quedara esperando una respuesta, uno de los asistentes dijo: “algunos de nosotros sí y otros no”. “Pues bien -dijo Nasrudim mientras se retiraba- que aquellos que lo saben se lo digan a los otros”.

Guillermo Días Gómez,
Director-Fundador de la Escuela Plenitud

 


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