Estrategias para desarrollar la autoestima
Las autoacusaciones infundadas, proporcionan
un pretexto apropiado. También el hecho de que todo hombre,
al echar una mirada a su pasado, encuentra algo que desearía
no hubiera ocurrido, sirve a tales individuos de excusa para
no participar. De rehuir total o parcialmente a cualquier problema
de la vida. Las causas que originan la falta de autoestima nos
llevaría varias notas, pero en esta oportunidad quiero
indicar algunas estrategias para desarrollar la autoestima para
una mejor relación interpersonal.
En primer lugar debemos saber que todo lo que
somos es el resultado de lo que pensamos. Si mentalmente me
subestimo diciéndome ¿Quién soy yo para
proponer tal cosa?, estoy condicionando mi conducta al fracaso.
En consecuencia debo usar fórmulas positivas.
Deben recordar que los pensamientos se asocian
en la mente no sólo por el contenido, sino también
por el estado de ánimo. Las personas que se deprimen
con facilidad -la autonegación es una de ellas- suelen
crear redes de asociación muy fuertes entre estos pensamientos.
Aunque pueda parecer irónico, las personas deprimidas
suelen utilizar un tema deprimente para librarse de otro, lo
que sólo sirve para provocar más emociones negativas.
Un ejercicio para empezar la tarea de la autovaloración,
es motivarse a sí mismo. Y el optimismo es el gran motivador.
Ser optimista significa tener grandes expectativas de que, en
general, las cosas saldrán bien en la vida a pesar de
los contratiempos y las frustracciones. El optimismo es una
actitud que evita que la gente caíga en la apatía,
la desesperanza o la depresión ante la adversidad. Y
al igual que la esperanza, su prima hermana, el optimismo reporta
beneficios en la vida. Las personas optimistas consideran que
el fracaso se debe a algo que puede ser modificado de manera
tal que logren el éxito en la siguiente oportunidad,
mientras los pesimistas asumen la culpa del fracaso, adjudicándolo
a alguna característica perdurable en su conducta que
son incapaces de cambiar.
Mediante el optimismo las personas logran la
autoeficiencia, que es la creencia de que uno tiene dominio
sobre los acontecimientos de la vida y puede aceptar los desafios
tal como se presentan. Desarrollar una competencia de cualquier
clase refuerza la noción de autoeficiencia, haciendo
que la persona esté más dispuesta a correr riesgos
y a buscar mayores desafios. Y superar esos desafios a su vez
aumenta la noción de autoestima.
En síntesis, para lograr la autoestima
lo primero que hay que hacer es tomar conciencia de los propios
valores; una vez que lo hemos logrado, proponernos la meta para
desarrollarlos; para motivarnos a nosotros mismos en esta tarea
debemos utilizar fórmulas positivas, como "yo puedo"
y cubrir ese trabajo con un enorme manto de optimismo y fe en
nuestras propias fuerzas. Lograr la autoestima es uno de los
grandes desafios de la época.
El "yo puedo" sería el mandato
categórico que nos tendríamos que imponer en la
vida. Yo Puedo. Pues se ha dicho que la voluntad es la energía
del alma. Es esa fuerza interior capaz de sacarnos de los conflictos
en los que generalmente nos sumergimos. Hasta el más
simple de los hombres tiene en su interior esa energía,
que puesta en acto, nos puede llevar a las más elevadas
regiones celestes.
La voluntad, esa energía
del alma, invisible a los ojos físicos e inexplicable
para la razón, se traduce en la vida cotidiana en la
frase "Yo puedo". En estas dos palabras subyace
la potencia, la capacidad de realización del hombre.
Si ustedes las pronuncian concientemente, con atención
sostenida, comprobarán su valor.
Cuando decimos YO, nos estamos identificando,
estamos tomando posesión de nosotros mismos. Somos algo,
una individualidad, un ser en acto, un hombre y no un objeto
al cual, como un solitario leño, pueden arrastrar las
olas de la vida. Yo soy alguien, no algo. Cuando cada uno reconoce
que es alguien, entonces recién se puede pronunciar la
palabra PUEDO. El poder es el instinto del alma, como la conservación
lo es del cuerpo. Poder es tratar, es direccionar la energía
hacia algo, es focalizar la potencia para lograr una conquista.
La conquista de sí mismo, la más grande de las
hazañas.
Cuando se pronuncia la palabra PUEDO, se proyecta
el Yo. Es decir, toma contacto con el mundo externo, ese mundo
que todos queremos transformar, disciplinar, conquistar. La
palabra poder es mágica; entre sus letras se esconde
la posibilidad de ser, de trasmutar, de exhibir, como la galera
del mago, en su interior se esconde la esencia divina.
YO PUEDO, es la voluntad en acto. La deberían
repetir constantemente todos aquellos que carecen de autoestima.
Si se insiste con fe en las propias energías se podrá
lograr la autorrealización.
Los obstáculos que debemos evitar.
Surgirán los obstáculos, las barreras
puestas por el tiempo para concretar el cometido. Y aquí
está el gran enemigo del hombre: la impaciencia. Queremos
que las cosas se concreten ya, ahora mismo.
La impaciencia es hija del tiempo y el tiempo
devora al hombre que no ha sabido ejercer la voluntad. Saber
vivir es derrotar al tiempo.
Otro de los obstáculos para lograr la
autorrelización, que es lo contrario a la subestimación
o falta de estima, es el mentirse a sí mismo.
Muchas veces nos hemos preguntado, por qué
ciertos hombres que escriben magníficos tratados no viven
tal cual escriben. Se limitan en describir la realidad, pero
no viven la aventura de transformarla.
Esto pasa porque se mienten a sí mismos,
porque en el fondo no creen ni conciencian lo que escribieron,
es como si alguien se los hubiera dictado. Vivimos en una civilización
de "mediums". Trabajamos sobre el problema de las
esencias pero no sabemos dónde está nuestra esencia.
Hablamos muy bien, pero vivimos muy mal. Todos queremos conducir
al de enfrente, pero evitamos enfrentarnos con nuestro propio
ser.
La opinión nos ahoga. Hablar es perecer.
Opinión es impulso dinámico que nos lleva a juzgar
lo que no conocemos sino superficialmente. Por eso decimos que
corremos. La mente es infinitamente ligera y nosotros jugamos
con ella una maratón. No la encauzamos ni direccionamos,
ella es quien nos direcciona a nosotros.
Ser inteligente, no es ganarse un Premio Nobel.
Muchos físicos, químicos, etc. lo ganaron en su
tiempo y ahora sus teoría están totalmente superadas.
Algunas hasta causan risa, pues con el tiempo pasaron a ser
completamente contrarias a las actuales.
Ahora bien, ¿Por qué mentimos?
Porque comenzamos a mentirnos a nosotros mismos y luego es natural
seguir mintiendo.
Una de las grandes mentiras es cuando nos juzgamos
a nosotros mismos como seres imposibilitados. Hay que ver cómo
nos justificamos cuando hacemos algo mal. Hay en nosotros como
un "alma madre" que comprende los errores del hijo.
Claro que el error que comete el otro, para
nosortros, es terrible y hacemos lo contrario a la máxima
del Libro de las virtudes, que dice: "debes ser como el
fruto del mango". Este fruto es carnoso y tiene una semilla
muy dura. Lo que quiere decir la máxima es que debemos
ser blandos por fuera y duros por dentro. Esto sería
decirnos la verdad. Pero por lo general, nos comportamos de
otra manera: somos blandos y condecendientes con nosotros y
duros con los demás, no perdonamos nada, no justificamos
nada del otro.
La técnica para no seguir mintiéndonos
-que es tarea de la autovaloración o autoestima- es detenerse
mentalmente un instante, dejar de correr hacia el precipicio
de la existencia.
Detenerse significa reflexionar. Reflexionar
significar a su vez hacer un análisis sobre lo que somos
o lo que creemos ser. Durante la reflexión debemos desubjetivarnos,
o sea analizarnos objetivamente, como quien observa el trabajo
de una máquina, sin sentir lazo alguno de parentezco
con lo observado. Observen cómo caminan, cómo
siente, cómo hablan, cómo actuan. Y a partir de
una visión real de lo que somos podremos enfrenarnos
a la realidad y predisponernos a cambiar.Creo que una de las
razones fundamentales de la falta de autoestima es el desconocimiento
de sí mismo. De no tomar conciencia de lo que somos y
cuánto valemos. Dijo el filósofo estoíco
Epicteto -esclavo liberto de Roma- "no sufrimos por las
cosas, sino por la opinión que nos hemos hecho de ellas".
No sufrimos por lo que somos, sino por la opinión que
nos hemos hecho de nosotros mismos.
Guillermo Días
Gómez,
Director-Fundador de la Escuela
Plenitud
Nota relacionada: ¿De
dónde viene el menosprecio por uno mismo?